sábado, 13 de abril de 2013

Los otros desahuciados


Mi historia es como la del 23 % de los desempleados mayores de 45 años, es decir +/- 1.380.000 personas, dado los datos publicados por el INE y que no están fragmentados como corresponde, así que estás cifras pueden variar, pero no mucho.

Recuerdo cuando era un adolescente y escuchaba a mis mayores los consejos que me daban, “Estudia, prepárate para el futuro, si quieres llegar a algo en esta vida”. Pese a mi rebeldía de adolescente, esas palabras me calaron profundamente y empecé a combinar el cóctel de estudios, trabajo y diversión. Muchos no han podido tener la oportunidad de experimentar eso, hay los que han tenido que asumir una carga de colaborar en su casa trabajando y teniendo que dejar sus estudios, pero también hay los que le allanaron el camino sin ningún tipo de responsabilidad nada más que la de estudiar.

Mi generación vivió tiempos convulsos, de cambios continuos, de elevar la palabra para hacernos escuchar, de pelear por conseguir derechos, de ser perseguidos, encarcelados y hasta de perder la vida por algo en lo que se creía. Me siento orgulloso de esta generación que consiguió mejorar las cosas, pero ahora me siento triste viendo como un Gobierno las está destruyendo sistemáticamente, curiosamente son de la misma generación.

Entre tanta manifestación, reuniones clandestinas, pancartas, panfletos, etc. llega el momento en el que empiezas a asumir más responsabilidades y encuentras tu primer empleo estable, te introduces en un mundo distinto a lo que estabas acostumbrado, conoces otro tipo de jerarquías, te vas amoldando, abres más los ojos, escuchas con atención, aprendes cosas nuevas, empiezas a forjarte como una pieza que forma parte de una maquinaria y poco a poco empiezas a comprender que necesitas estar en esa máquina, que te dará independencia y crecimiento personal.

Gracias a esa independencia, te sientes preparado para ir formando tu futuro inmediato, compras una vivienda, formas una familia, contribuyes a la educación de tus hijos, solventas las necesidades del día a día, ahorras algo y algún capricho vacacional.

A medida que pasan los años vas adquiriendo experiencia, te reciclas continuamente de acuerdo a los cambios tecnológicos, estudias idiomas porque entra el mercado global, te comprometes en tu trabajo, cuando te piden esfuerzos tú los haces y si es necesario recortas tiempo personal para que la empresa donde trabajas obtenga sus resultados.

Todo parece encarrilado pero de repente pasan cosas, un cambio de Gobierno que se empecina en convencernos de que vivimos por encima de nuestras posibilidades y con ese argumento aplica una reforma laboral, que en lugar de afianzar el empleo, hace todo lo contrario “el despido a precio de saldo”, entonces ves que a tu alrededor empiezan a caer despidos y piensas “eso a mí no puede pasarme, estoy bien considerado en la empresa” y … ¡Qué equivocado estaba!.

Hoy con más de 50 años estoy desempleado desde hace año y medio, pero en todo este tiempo desde el primer día en que me dieron una carta fría donde comunicaban mi despido, empecé una nueva lucha, la de poder encontrar un empleo para continuar teniendo mi sitio en la sociedad.

Cada mañana te levantas temprano para aprovechar el tiempo y empiezas a hacer un recorrido por los portales de empleos, miras ofertas, te inscribes no sólo en las que encajas en tu perfil sino en otras de menos competencias pero necesitas trabajar y no descartas posibilidades, hablas con conocidos y te encuentras con la misma respuesta casi siempre “está la cosa bastante mal, pero si me entero de algo te lo digo, Ok?”, pero tú ya sabes que no te dirán nada, al final de cada día te acuestas pensando en que mañana habrá nuevas ofertas y esperas alguna llamada de las ofertas que te habías inscrito, pero esa llamada no llega y se difuminan las esperanzas de tener una entrevista de trabajo.

Un día aparece en TV el Presidente de la OCDE un tal Gurría y dice “Los parados de larga duración son vagos, porque se han acostumbrado a vivir del subsidio y no hacer nada”; Evidentemente este señor, por llamarlo de alguna forma, no tiene ni idea de lo que habla, porque estoy muy seguro que el 99 % de los desempleados sólo quieren volver a trabajar y que como yo, se levantan cada día pensando en salir de esta situación que provocaron otros y no nosotros que dimos y damos todo por un puesto de trabajo.

Ahora somos una generación que han apartado de un plumazo, nos han “desahuciado laboralmente” y están aprobando leyes para marginarnos más, como la que no habrá subsidios para mayores de 55 años. A ver si se enteran de una vez, “Nosotros no queremos subsidios, no queremos limosnas, somos una generación que nos gusta ganarnos nuestro sueldo, porque nos hemos esforzado durante toda nuestra trayectoria laboral y nos comprometimos en todo aquello que hemos realizado”.
Nuestra responsabilidad nos ha hecho conseguir cosas, hemos participado en el crecimiento de la sociedad actual, tenemos la misma fuerza y empeño como cuando empezamos, pero con un añadido fundamental, la “experiencia, dedicación y seriedad” que curtimos a lo largo de los años.

Por mi parte, me tomaré la libertad de aconsejar a las empresas, que el hecho de cambiar continuamente de personal realizando contratos eventuales, no es una buena política de crecimiento, en estos momentos tienen la oportunidad de contar con profesionales experimentados y comprometidos que están deseosos de continuar su vida laboral.

“Para realizar un viaje de mil millas … Sólo hace falta dar el primer paso” (Anónimo).